Entre las paredes de un laboratorio artístico, donde los pinceles y los colores bailan en un ballet atemporal, encontré mi herencia más preciada: la pasión por la pintura, un don heredado del corazón y de las manos de mi padre, Paolo. Canciani, el pintor del agua.
A medida que crecí, sus pinturas, que capturaban la esencia vibrante de Venecia, transformaron el taller en un portal a mundos de aguas brillantes y cielos vastos e inmutables.
Paolo, conocido como el "pintor del agua", moldeó no solo sus lienzos sino también el curso de mi vida con sus pinceles. Sus obras, que cuentan historias de lugares y momentos, me enseñaron a ver más allá de la superficie, a captar el alma de cada paisaje.
Su habilidad para pintar agua con un realismo que rayaba el milagro era su firma, una marca de maestría que dejó una huella imborrable en el mundo del arte.
Cada vez que paso por sus creaciones, recuerdo el Drappo di Feltre, concurso ganado por mi padre en 2011, un momento de triunfo y reconocimiento a su extraordinario talento.

Estos recuerdos son una fuente constante de inspiración para mí, una luz que me guía en mi viaje artístico personal.
Hoy, pincel en mano, siento el peso y la calidez de este legado. Cada trazo que coloco sobre el lienzo es un diálogo silencioso con él, una forma de honrar su memoria y continuar con su legado.
Agradezco cada día a mi padre por este inmenso regalo. La pasión por el arte que me transmitió es un fuego que arde dentro de mí, una promesa de continuar explorando, creando y soñando, con la esperanza de estar a la altura de su legendaria habilidad.
Algunos enlaces del pintor:
- Paolo Canciani dona un cuadro ➡️ leer
- Paolo Canciani gana el concurso Feltre Palio Drape 2011 ➡️ leggi
- Cuadro de honor de los Drappi di Feltre (Cancheni lo ganó en 2011) ➡️ leggi