Hoy quería ponerme a prueba con algo diferente: dos botellas vestidas con un nuevo fondo de bronce, listas para transformarse en obras únicas.
Normalmente me encanta usar colores brillantes y vibrantes, pero esta vez elegí el bronce, porque tiene un encanto particular, una elegancia atemporal, casi noble.
La superficie, aún fresca, juega con la luz en tonos cálidos e iridiscentes, y ya puedo imaginar cómo dialogará con la pintura que llegará arriba. Es un encuentro entre tradición e innovación, entre un metal antiguo y mi creatividad.
Tan pronto como la pintura esté seca, tomaré el pincel y comenzaré a darle vida a la siguiente etapa de esta historia: transformar una simple botella en una obra de arte única.
Estad atentos... porque lo que hoy es sólo un fondo de bronce, mañana contará una historia propia, compuesta de colores, detalles y emociones.